viernes, 3 de agosto de 2012

Cuento de verano( El silencio de las hadas)



Cecilia hoy ha dedicado su tiempo a montar a caballo por los campos y a descubrir nuevos parajes 
y se adentró en el bosque hasta donde apenas se percibía ningún sonido excepto el pisar de su caballo sobre la hojarasca y su propio corazón.
Cuando volvió al pueblo y le contó esas sensaciones al anciano este la dijo : te contaré la historia 
de El silencio de las hadas.

En la espesura del bosque, allá donde la bruma tarda más en desaparecer, existen lugares especiales para que las Hadas puedan recuperar el Silencio.
Son espacios mágicos, sólo conocidos por ellas y donde no llega ninguna presencia humana. Rincones y claros perdidos entre los árboles son refugios ideales para las Hadas que necesitan estar solas.

Las Hadas conocen bien la importancia de la soledad plena, la que permite estar con uno mismo y reflexionar. Encontrar el verdadero sentido al diario vivir, sin que voces ajenas distraigan el discurrir del pensamiento.

Ni siquiera ellas escapan a la influencia del mundo que las rodea y es importante el reencuentro con el íntimo ser. Renovarse, reconocerse, dejar atrás lo que molesta en el alma y volver con nuevas energías y el espíritu alegre.

El Silencio de las Hadas no es un silencio triste, sino prometedor. Un silencio que limpia y enriquece, que atempera el carácter y fortalece el ánimo.

Si alguna vez tienes la fortuna de encontrarte en un bosque y de pronto,
éste se vuelve tan silencioso que puedes oír el latido de tu corazón,  es que has llegado a un lugar reservado al Silencio de las Hadas.

Respeta esa quietud y aléjate sin hacer ruido.
O quédate y aprende el Silencio

jueves, 2 de agosto de 2012

Cuento de verano(El hada triste)





Cecilia ha pasado el día con sus amigos por el bosque de excursión  y se ha bañado en el río
pues la mañana amaneció radiante y con una temperatura muy agradable  por lo que decidieron pasar la jornada por los hermosos bosques de Cantabria.
Al caer la tarde regresaron al pueblo cantando canciones y y entre bromas y risas se despidieron .
Cecilia fué en busca del anciano para que le contara una historia nueva.

El anciano le contará el relato del hada triste.

Érase una vez, un hada triste, vivía en el mundo de los hielos eternos, y no le gustaba, sabia que existieron lugares donde el sol brillaba cada día y donde las flores tenían todos los colores del arco iris.

Su corazón añoraba esas cosas, aunque no las había visto nunca.

Añoraba el calor y el color, añoraba sentir la yerba bajo sus pies descalzos y añoraba el vuelo brillante de las mariposas.

Se sentía tan infeliz que no podía pensar en otra cosa y ni siquiera salía a ver sus dominios.

Una noche en el que el hada aún no dormía, un resplandor especial aparece en el cielo. Al principio era solo una pequeña mancha luminosa, que creció y creció y bien pronto todo el espacio se llenó de colores, verdes,  violetas,  azules, amarillos y rojos se entremezclaban armoniosamente, y su luz arrancaba destellos del suelo helado como un espejo,  el hada  miró al cielo y vió estrellas fugaces y luceros ardiendo,  estelas de cometas y nubes transparentes.

Por primera vez en mucho tiempo, el hada se sintió feliz, y entendió que aquel era su lugar; que cada rincón del mundo contiene sorpresas maravillosas, y que le gustaba la aurora boreal y el cielo estrellado de su país de hielo.

Comprendió que muchas hadas jamás verán todo eso como ella no vería las flores, pero ya no le importaba. Ahora sabia que las estrellas fugaces son mariposas celestes y que los cometas se llevan muy lejos las añoranzas de las hadas tristes.
El anciano le explicó a Cecilia que podemos ser felices en el lugar del mundo donde nos ha tocado vivir si lo miramos con amor con ilusión y alegría