lunes, 11 de febrero de 2019

CULEBRA SERÁ – LEYENDA FRANCESA



Cuando San Menoux regresaba de Roma a pie, se hallaba muy fatigado al llegar al pueblo llamado antiguamente Mailly-les-Roses, en Francia. Se detuvo para descansar, pero acabó estableciéndose allí definitivamente y llevó en soledad una vida de oración y meditación. Toda la región supo enseguida que el santo anacoreta era un enviado de Dios, que realizaba numerosos milagros, aliviaba a los desgraciados con su infatigable caridad, y curaba los males de los inválidos y de los enfermos. Se le respetó y se depositó en él la máxima confianza.

En el pueblo de Mailly-les-Roses, antes de que cambiara su nombre por el de Saint-Menoux, convertido en su patrón, había una fuente de la que todas las gentes del lugar iban a sacar agua. Unas mujeres, al llegar un día a la fuente, vieron una gruesa serpiente que allí se bañaba. Su cabeza salía del agua, su boca dejaba ver unos amenazadores colmillos y sus ojos lanzaban llamaradas de fuego. Las mujeres huyeron despavoridas, fueron a buscar a san Menoux y le suplicaron que los librara de aquel monstruo salido, sin duda, de los infiernos.

El santo ermitaño se dirigió a la fuente e introdujo en ella su bastón, alrededor del cual se enrolló la serpiente. Cuando la hubo sacado del agua, la lanzó al aire diciendo: «Donde caiga, culebra será». La bestia inmunda fue a caer a más de diez leguas de allí, en un territorio de aspecto desolado donde, después, se construyó una iglesia alrededor de la cual se fue edificando la aldea de Couleuvre (culebra). La serpiente atrajo a otros animales venenosos: víboras, sapos, escorpiones. Había tal cantidad de alimañas, que nadie se atrevía a acercarse a aquel lugar por miedo a recibir una picadura mortal.

San Julián, al tener conocimiento de la gran desolación del lugar en el que había caído la serpiente de San Menoux, decidió vivir allí en un montaraz ascetismo para expiar sus pecados. Tan pronto como él llegó, todos los animales venenosos desaparecieron. Y no regresaron jamás. San Julián construyó en primer lugar un oratorio, cerca del cual hizo brotar una fuente. Luego decidió construir una iglesia. Pidió a las gentes del lugar que le ayudaran, acarrearan las piedras e hicieran los muros. Como todo el mundo colaboró, el trabajo avanzó rápidamente. Se cuenta, no obstante, que hubo tres jóvenes que decidieron no prestar su colaboración a la edificación común. Tramaron una farsa para no trabajar, convencieron a uno de ellos de que se hiciera el muerto y lo colocaron, cubierto con una sábana blanca, sobre una carreta tirada por dos bueyes. Cuando llegaron al tajo, san Julián les dijo:

-Deteneos un instante y llevad vuestra piedra a la iglesia que levantamos a la gloria de Dios.

-No podemos -contestaron los jóvenes- porque llevamos un muerto.

-Entonces proseguid vuestro camino -dijo san Julián-, y que todo sea como decís.

Preguntándose qué significaban aquellas palabras, los jóvenes se pusieron de nuevo en marcha. Tan pronto como pensaron que el santo no podía verlos, levantaron la sábana e invitaron a su compañero a levantarse. Este permaneció sin moverse. Los otros lo sacudieron. No se movió. Entonces comprendieron el sentido de las palabras de san Julián, al constatar con terror que su amigo no daba ya señales de vida.

Pero Julián era incapaz de sentir rencor. Estimó que la lección que le había dado a los jóvenes era suficiente. Además la prometida del muerto fue llorando en su busca, para suplicarle que le devolviera la vida. Julián se puso a orar y le dijo a la joven:

-Bebe agua de la fuente que Dios ha hecho brotar, y regresa a tu casa, pidiendo al Cielo que perdone la mentira de tu novio.

Cuando llegó cerca de su casa, vio al joven que se dirigía hacia ella sonriendo. Este hecho milagroso produjo una gran conmoción en toda la región. Dio testimonio de las virtudes y del poder de san Julián. Todos quisieron ponerse bajo su protección y las casas se fueron edificando en torno a la iglesia. Es así como también nació la aldea de Couleuvre.

domingo, 10 de febrero de 2019

EL GAFE ESTÁ GAFADO – CUENTO EGIPCIO



En la ciudad de El Cairo, el rey y su visir tenían por costumbre vestirse de campesinos para mezclarse con el pueblo y observar a sus gentes. Una noche, se detuvieron delante de la tienda de un pobre zapatero. El rey observaba la miseria con la que el hombre y sus hijos vivían, azuzados por el frío y el hambre. Un panorama desolador.  El rey se conmovió y mandó a su visir escoger el mejor pavo de palacio, cocinarlo, meter 100 piezas de oro dentro de él y a la mañana siguiente enviárselo al pobre zapatero. El visir entregó al día siguiente el pavo al zapatero, quién alababa y bendecía al rey: “¡Ojalá tenga un sitio en el paraíso!”.

Al lado del zapatero tenía su negocio un colchonero cara dura. Este, al oler el pavo y tras esperar que el emisario del rey se marchara, le propuso: “Te doy 50 piastras a cambio del pavo,y así podrás comprar pan para tus hijos durante toda esta semana”. El zapatero, sin saber el contenido del pavo, aceptó el cambio y el colchonero, por su parte, disfrutó del manjar y de la riqueza que, con sorpresa, descubrió dentro del pavo.

Tres días más tarde, el rey llamó a su visir y ambos volvieron a pasearse por las calles de la ciudad vestidos de campesinos. El rey decidió buscar la tienda del zapatero para ver cómo había cambiado su vida tras el regalo que le había hecho pero…desastre, nada había cambiado. El rey, descontento, ordenó al visir escoger esta vez una oca, cocinarla e introducir 200 monedas de oro en su interior para el zapatero. El visir entregó el regalo del parte del rey al zapatero, quien se deshizo en alabanzas hacia el gobernante. En cuanto el emisario se marchó,  el colchonero apareció de nuevo, ofreciendo esta vez una guinea con la que el zapatero podría alimentar a su familia durante dos semanas.

Una semana más tarde, el rey, vestido de hombre de campo, pasó de nuevo por delante de la tienda del zapatero, con la esperanza de verle transformado en un hombre próspero. Pero, de nuevo, todo seguía como siempre: el zapatero y sus hijos seguían tan delgados, hambrientos y sucios como al principio. El rey no comprendía qué pasaba y se enfadó. Esta vez ordenó enviar un carnero con 300 piezas de oro como regalo para el zapatero. Sin embargo, el regalo corrió la misma suerte que los anteriores. En cuanto el colchonero se percató, propuso al campesino comprárselo por una importante suma de dinero: 50 monedas de oro.

El rey, tranquilo y esperando merecer el paraíso por su generosidad, supuso que con 600 piezas de oro el zapatero habría podido renovar su vida y no le faltaría de nada ni a él ni a su familia. Sin embargo, por casualidad volvió a pasar, una vez más, por la tienda del zapatero…pero…¡Increíble! ¡La misma miseria, tristeza y suciedad de siempre! El rey montó en cólera y ordenó a sus soldados apresar al zapatero y llevarlo a palacio.

Allí el rey le dijo “Te he visto varias semanas con tus hijos en la tienda. Estabas en una situación de miseria absoluta. He querido ayudaros y os he enviado la primera vez un pavo asado con 100 monedas de oro dentro, después una oca con 200 monedas y por último un carnero con 300. Esperaba que de este modo tú y tu familia mejorarais vuestra situación, pero no ha sido así ¿qué has hecho con todo ese dinero?”. El zapatero confesó el destino de los tres regalos y el rey, cansado de todo el asunto, mandó llamar a su chambelán para que acompañara al zapatero a la cámara del tesoro y allí este se quedara con todo lo que quisiera, esperando que se volviera rico de una vez y mostrarse heroico y generoso ante sus súbditos.

El chambelán guió al zapatero por las inmensas escaleras que llevaban a la cámara del tesoro. Una vez en ella, el zapatero llenó su saco a espuertas con oro, joyas y gemas. Por fin sería rico. El chambelán cerró la puerta y los dos hombres se dispusieron a bajar las escaleras. El funcionario del rey iba primero y el zapatero detrás, pensando en todas las cosas que podría comprar con tanto dinero y arrastrando tras de sí su voluminosa carga.

Pero, de pronto, el zapatero tropezó y cayó arrastrando consigo el saco y al chambelán, con lo que los dos hombres murieron y el saco se rompió, dejando el suelo lleno de riquezas sin dueño. El rey, desesperado, vio que con su generosidad no había ganado ni un lugar en el paraíso ni una buena imagen en el reino, y exclamó:

Le malchanceux est malchanceux/ El que tiene mala suerte, tiene mala suerte

Même s’il a une lanterne/ Aunque tenga una linterna

Accrochée au derrière/ Enganchada al trasero

Quoi qu’il fasse, un jour il pétera/ Haga lo que haga, un día se peerá. (Se tirará un pedo)

Et la flamme s’éteindra!/ ¡Y la llama se apagará!



¿SABÍAS QUÉ…?

Un chambelán,  sinónimo de camarlengo, es un funcionario a cargo de un hogar. En muchos países este cargo está asociado a la residencia de los soberanos y es de carácter honorífico.

sábado, 9 de febrero de 2019

EL ENIGMA – CUENTO WOLOF Y MANDINGA



Babacar era un comerciante de cacahuetes que vivía en Thiès, una ciudad de interior en el Oeste de Senegal. Tenía los mejores cacahuetes tostados del lugar, unos cacahuetes deliciosos y crujientes que vendía envasados en botellas, como es típico en el país.

Un día, cuando Babacar estaba vendiendo cacahuetes en el mercado, un brujo se acercó a él atraído por la calidad de la mercancía. El comerciante, experimentado en el arte del waxaale (regatear en los mercados), negoció y negoció duramente hasta que vendió al brujo, quien no llevaba dinero encima (amul xaalis), un kilo de sus mejores cacahuetes a cambio de cuatro burros.

¡Qué buen negocio!, pensaba Babacar. ¡Gracias a estos burros podría transportar los cacahuetes fácilmente y venderlos en los mercados de otras ciudades! Tras cerrar el trato, el brujo llevó a los burros a casa de Babacar, se despidió con una media sonrisa y desapareció.

Al día siguiente, nuestro comerciante se dispuso a cargar a cada burro con grandes sacos de cacahuetes para iniciar su travesía por las ciudades de la zona. Le acompañaría su perro, que le era de utilidad en los viajes tan lejos de casa y podría defenderle. ¡Llegaría hasta Sandaga, el gran mercado de Dakar, la capital del país, y así vendería más cacahuetes que nunca! ¡In šāʾ Allāh!

Sin embargo, al empezar con la tarea ¡los burros se volvieron locos! Uno de ellos se abalanzó sobre los cacahuetes, otro se puso a rasgar los sacos y un tercero empezó a atacar al perro de Babacar mientras que el último burro empezó a morder la oreja del primero. ¡Qué caos!

Tras intentar sin éxito poner orden, Babacar se dio cuenta de que los burros que le había vendido el brujo eran un tanto peculiares: uno devoraba cacahuetes, otro se alimentaba de sacos, el siguiente comía perros y otro era caníbal. El trato con el brujo no había sido tan bueno al fin y al cabo. Resignado, Babacar comenzó su viaje teniendo que parar cada pocos pasos: temía por su perro, sus burros, sus sacos o sus cacahuetes la mayor parte del tiempo. ¡Qué gran inconveniente!¡Tardaría una eternidad en llegar a su destino!

Ya llevaba un día entero caminando y apenas había salido de Thiès cuando se encontró en su camino a un hombre con una jaula llena de pájaros de todos los tamaños, colores y plumajes. Babacar, conocedor de la costumbre senegalesa de comprar pájaros enjaulados para liberarlos y con ello atraer la buena suerte, decidió pagar por el más vistoso de ellos. Eligió a un precioso pájaro de color celeste con marcas rojas en las mejillas, como si estuviera ruborizado, que destacaba sobre el resto. Aquello le costó más francos CFA de lo que esperaba pero pensó que haber escogido un pájaro tan fascinante merecería la pena. ¡Y vaya si lo hizo! Se trataba de un cordon bleu, que tras ser liberado se posó sobre el hombro de Babacar y le dijo al oído:

– ¡Jërë-jëf! ¡Muchas gracias, amigo! Te estoy muy agradecido por haberme liberado de mi cautiverio. Como veo que estás en apuros, te daré la solución al problema que tienes. Para avanzar has de situar a tus burros en fila india: primero pondrás al burro que se come a sus semejantes, luego al que ataca a los canes, en tercer lugar a aquel que adora los cacahuetes y por último al que devora sacos. A los dos primeros los cargarás con los sacos y a los dos últimos con las botellas. Tú irás primero y tu perro seguirá a la comitiva. Pero, sobre todo, no te olvides de almacenar los cacahuetes en un granero cuando llegues, ¡se acerca la estación de lluvias!

Y dicho esto el cordon bleu alzó el vuelo y Babacar pudo seguir su camino sin más percances, alegrándose de haber devuelto la libertad a un pájaro tan inteligente.



¿SABÍAS QUÉ?



El wolof es la lengua más hablada en Senegal y se habla de forma nativa por la etnia wolof (40 % de la población), sino también por la mayoría de los senegaleses como segunda lengua ( el francés es el idioma oficial ). Palabras en wolof: waxaale (regatear), amul xaalis (sin dinero), jërë-jëf (gracias).
In šāʾ Allāh(Si Alá así lo quiere) es un término árabe para indicar la esperanza en que un acontecimiento ocurra en el futuro, si tal es la voluntad de Dios. Senegal es un país musulmán en el que se utilizan algunas expresiones populares en árabe.
El franco CFA del África Occidental es la moneda de curso legal de ocho países: Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea-Bissau, Malí, Níger, Senegal y Togo.
El cordon bleu o azulito de Senegal (Uraeginthus bengalus) es un pájaro muy reconocible por su hermoso plumaje de color azul y mancha roja en la cara.
Senegal, como muchos países de África, tiene dos estaciones o “épocas”: la estación seca, desde noviembre hasta febrero, y la estación de lluvias, desde marzo hasta octubre. Durante la estación de lluvias hay que tener cuidado con los mosquitos, que pueden transmitir graves enfermedades.

viernes, 8 de febrero de 2019

EL MÚSICO QUE FUE A TOCAR AL INFIERNO – CUENTO MEXICANO



Hace mucho tiempo, un músico de origen humilde se casó en Laguna Grande, Zacatecas. Cuando tuvo descendencia, el pobre señor se vio en aprietos para mantener a su familia, pues se dedicaba a tocar el arpa. A veces, cuando no había fiestas o eventos en los que tocar, trabajaba en el campo o pastoreando el ganado.

Así iba subsistiendo el músico, hasta que vino una sequía como nunca: casi no llovió ese año, a las presas se les empezó a terminar el agua, los pastos se secaron y el ganado se moría de hambre. La gente tampoco tenía para comer y se empezó a saber que a fulanito lo habían matado para robarle, que a zutanito le faltaban no sé cuántas vacas, que a menganito lo asaltaron en su casa. Aquello era un completo caos.

El pobre músico se encontraba en una situación desesperada. Él no quería matar ni robar; no, él no quería llegar a esos extremos, pero un día le dijo a su esposa:

—Mira, vieja, si en este momento el mismo diablo me contratara para ir a tocar a los infiernos, allá iría yo con tal de conseguir dinero para comprar comida.

—Deja de pensar tonterías —le dijo la mujer— necesitas cenar lo que sea, porque estás delirando y ha de ser de pura hambre.

—Pues, mientras calientas la cena, voy a la tienda a comprar el petróleo. (En aquel entonces, no había luz eléctrica y en las casas se empleaban aparatos de petróleo).

Ya estaba oscureciendo cuando el señor vio que a lo lejos venía un jinete vestido de negro, montado en un caballo negro también. El jinete se acercaba y se acercaba, y cuando estuvieron a un paso el uno del otro, el jinete preguntó:

—¿No sabe usted de alguien del pueblo que sepa tocar el arpa? Porque esta noche voy a dar una fiesta y ando buscando a alguien que vaya a tocar.

El músico, muy animado, le contestó:

—Yo sé tocar el arpa y, si usted no tiene inconveniente, puedo ir a tocar a su fiesta.

—Bueno, pues a las doce de la noche pasaré a por ti, prepárate y espérame en la puerta de tu casa.

Y, sin esperar respuesta, el jinete negro se alejó rápidamente. Muy contento,  llegó a su casa el músico y se preparó. A las doce en punto, el hombre salió por la puerta de su casa. También en ese momento, muy puntual, el jinete llegaba al lugar de la cita y, sin detener siquiera al caballo, le pidió que se montara en él. Hecho esto, el jinete espoleó a su caballo, que inmediatamente se elevó y voló cruzando el cielo como una exhalación. En unos cuantos segundos, ya estaban frente a una enorme puerta de acero muy bien hecha. Dos criados se acercaron y abrieron el portón. El lugar estaba muy iluminado, pero no se veía de qué lugar salía aquella luz.

El jinete y el músico se dirigieron a un salón lleno de gente muy elegante. Al parecer, sólo esperaban a que llegara el jinete para comenzar la fiesta.

El músico acomodó su instrumento y comenzó a tocar. Con esto se inició el baile, que duró horas. La gente no se cansaba de bailar, pero el músico sí de tocar. Cuando ya se iba a tomar un ligero descanso, se le acercó una vieja señora que le parecía familiar pero, según creía, ¡esa señora había muerto hace tiempo!  Todo eso le hacía sentir un temblor por todo el cuerpo, pero el músico lo disimuló como pudo.



La viejita le dijo que no se pusiera nervioso, que sólo iba a ayudarle:

—Nada malo va a pasarte —le dijo— no tengas miedo. Si te ofrecen vino, no lo tomes porque es lumbre. Si te dan cigarros, no los aceptes porque en vez de tener tabaco tienen veneno de serpiente. ¿Ves a tus familiares y compadres allá, detrás de esa mesa? Hace ya tiempo que están aquí con nosotros, pero aún no los míos… Por favor, cuando vuelvas a la tierra, dile a mis familiares que estoy arrepentida de la vida que llevé, que por favor me perdonen.

Tras esto, se cortó un pedazo del vestido que llevaba puesto y le pidió que se  lo enseñara a sus familiares para que le creyeran.

Terminada la fiesta, el jinete le dio al músico un saco repleto de dinero y le llenó el arpa de monedas de oro. Luego, en el mismo caballo negro, volaron como una exhalación y el jinete dejó al músico frente a la puerta de su casa. Al amanecer, la esposa fue a pedirle dinero para la compra, pero como el músico estaba muy agitado, sólo le dijo que tomara el dinero que quisiera del arpa.

Así lo hizo su esposa y, sobre el instrumento, encontró el pedazo del vestido con que habían enterrado a Doña Panchita, una antigua vecina. Cuando quiso sacar dinero del arpa, empezaron a salir serpientes, lagartijas, arañas y alacranes de él. Al final, encontró unas cuantas monedas, lo mínimo que un músico ganaba por tocar una noche.

El tiempo pasó, volvieron las lluvias y las siembras dieron buenas cosechas, pero el músico siguió atormentado por el recuerdo de aquella noche en el infierno. Sólo cuando murió pudo descansar en paz.

jueves, 7 de febrero de 2019

EL DIABLO Y EL ASNO – CUENTO FRANCÉS



Había una vez, en la región de Thiers, un viejo párroco de fe tan sincera que todos los parroquianos del valle del Durolle se habían transformado. Desde que él ejercía su ministerio, nadie cometía allí el más mínimo delito, robo o crimen de ningún tipo. Las mujeres, que habían renunciado a sus chismorreos, dedicaban sus escasos ratos libres a hacer encaje y pasamanería de tal calidad que venían a buscarlos desde la ciudad de Saint-Étienne. Los hombres, muchos de los cuales eran cuchilleros, se mostraban sobrios, absteniéndose incluso de blasfemar o de pelearse y en la feria de ganado, donde siempre había existido algo de malicia, se habían hecho tan honestos que confesaban espontáneamente los defectos de los animales alineados para la venta.

La influencia tan piadosa del párroco tenía al diablo loco de rabia, hasta el punto de que no dejaba de merodear por la región buscando en vano un alma a la que poder arrastrar fuera del buen camino. No era cuestión, desde luego, de acercarse al párroco, quien le obligaba a huir haciendo la señal de la santa cruz.

A la desesperada, el diablo se volvió hacia el asno del sacerdote. Mezcló ramas de espino con su ración de avena, se transformó en abejorro para volar constantemente ante su vista, le hostigó como un tábano, le hizo tropezar y se dedicó de todas las maneras posibles a volverlo loco. Pero el asno era tan dulce y paciente como su amo, soportaba todos aquellos ataques sin dar coces ni quejarse jamás.

En Nochebuena, la costumbre recomendaba que se le diera doble ración de alimento a los animales, en memoria de la ayuda que prestaron en el portal de Belén. Viendo el día concluir, el asno esperaba su ración de avena con algo de gula, cuando vio llegar al sochantre de la parroquia, que le dijo:

-Mi buen asno, me gustaría que me hicieras un gran favor. Las ovejas van a empezar a parir esta noche y debo quedarme con ellas. ¿Aceptarías sustituirme en la misa de medianoche?

El asno había oído decir con frecuencia que, en Nochebuena, los animales reciben la facultad de hablar como los humanos. ¿Por qué no iba a aceptar, después de todo? Inclinó la cabeza como prueba de aceptación y entonces el sochante le explicó:

-Bastará con que digas Amén de vez en cuando. Haz una prueba.

Y el asno rebuznó.

-Muy bien, -aprobó el sochantre-. Cantas más alto que yo. Todo el mundo te oirá bien y nuestro párroco se sentirá orgulloso de ti.

El sochantre desapareció como había venido, sin que al asno, henchido de orgullo ante la idea de representar aquel gran papel, se le ocurriera sorprenderse por nada. Sin embargo, habría debido sospechar que el que se transforma en mosca punzante o en murciélago, puede asimismo adoptar la forma de un viejo sochantre. Pero estaba ya ocupado en acicalarse. Se revolcó por el suelo para quitarse el polvo del lomo, se dio aquí y allá varios lengüetazos para que su pelaje brillara, golpeó sus cascos contra el muro para desprender la tierra, y los alisó pasándoselos por los corvejones.

Al oír el primer toque para la misa, se puso en camino, levantando mucho las patas, como un caballo que hace el paso español. Cuando llegó por fin a la iglesia, todo el pueblo se le había adelantado: los hombres se encontraban a la derecha, las mujeres a la izquierda, y el párroco estaba esperando ante el altar. Temiendo llegar con retraso para el primer canto, el asno se lanzó al galope por el pasillo central, frenó con las cuatro patas y se puso a rebuznar a pleno pulmón. Asustadas, las mujeres se pusieron a gritar y los hombres se lanzaron a cogerlo para llevárselo al exterior. El asno, que quería dar explicaciones, se negó a moverse, pero logró rebuznar más fuerte y con ello aumentó la confusión. Los parroquianos intentaron hacerle callar pero él respondió coceando y, dándose la vuelta, huyó.

Los mozos del pueblo soltaron los perros y lo persiguieron tan bien que tuvo que irse al galope hacia el bosque de Moûtier. Fue tropezando de árbol en árbol y terminó por caer de rodillas, jadeante. En un claro del bosque que había delante de él, apareció de repente una luz roja y un olor a azufre impregnó el aire. El asno, sintiéndose observado, levantó la cabeza y vio al falso sochantre. En ese momento, supo que era el diablo el que allí lo esperaba. Totalmente confundido, comprendió que había caído de cabeza en una trampa y había cometido un pecado de vanidad.

Ahora el diablo lo tenía a su merced… «Has querido jugar a ser sochantre -se dijo- y mira lo que te ha sucedido. Ahora juega a ser asno. Es tu última oportunidad para escapar de aquí». Y resopló, pareció incapaz de levantarse, tropezó y se dejó caer de nuevo pesadamente. El diablo soltó una burlona carcajada.

-¿Quién sois? -preguntó el asno-. Os suplico que tengáis piedad de un pobre ciego. He debido dañarme los ojos al pasar por entre los espinos y me faltan las fuerzas. Indicadme el camino hacia mi cuadra, por favor. Quiero exhalar mi último suspiro en casa de mi amo.

-Si te guío -preguntó el demonio- ¿qué me darás por molestarme?

-Antes que nada, me gustaría saber quién sois.

-Es muy sencillo, soy el diablo.

-Señor diablo, si así lo deseáis, podréis recibir mi alma, puesto que es eso lo que se acostumbra a intercambiar con vos.

-Un alma de asno no es gran cosa, -dijo el diablo-. ¡Pero, en fin! Voy a subirme a tu grupa y te indicaré el camino a seguir.

-¡Oh! Estoy cubierto de moratones y demasiado débil para llevaros, como veis. Id por delante. Yo me orientaré sujetando la punta de vuestro rabo.

Sin ver en la propuesta malicia alguna, el diablo echó a andar seguido por el asno. «Voy a llevarlo al río -se pensaba el diablo- y al querer seguir mis pasos, se ahogará.»

-No vaya demasiado rápido -protestaba el asno, detrás de él- No puedo más…

Llegaron por fin a la orilla del río. El diablo pensaba dar un salto hasta la otra orilla, porque en diciembre el río está muy frío.

-Agárrate bien, y camina- dijo el diablo- Sólo tienes que dar unos cuantos pasos más.

El asno, que veía perfectamente y había comprendido cuáles eran las intenciones del demonio, le mordió el rabo con todas sus fuerzas en el momento en el que el diablo saltaba. El rabo se le desgarró, quedando entre los dientes del asno, y el diablo perdió el equilibrio y cayó a la corriente helada. Se le oyó gritar de dolor desde la iglesia del pueblo.

El asno regresó al trote en el momento en el que la misa estaba terminándose y depositó el rabo del demonio ante el buen párroco, que no tardó en comprender que su querido asno había sido víctima del Maligno, pero que había sabido tomarse la revancha. El párroco le perdonó que hubiera interrumpido la misa y le concedió doble ración de avena, regada con vino caliente, para celebrar aquella hazaña.

miércoles, 6 de febrero de 2019

EL DRAGÓN DE MÁRMOL – LEYENDA GRIEGA



Zeus, una vez, para castigar a los Curetes que cazaban sus rebecos favoritos, envió un dragón a la isla de Creta para que se los comiera. Pero antes de que el dragón llegara a Creta, Poseidón le recordó que los Curetes le custodiaban cuando él era recién nacido para que Cronos no le oyese y devorase*.  Así, Zeus cambió de idea y arrojó al mar dos tostadas. El dragón se acercó para comérselas y se petrificó.

El dragón de mármol no es otro que la isla de Día, a unas pocas millas al norte de Heraklion, la ciudad capital de Creta, mientras que las dos tostadas son los islotes Paximadi y Petalidi, situados al lado de Día.

 ¿Porqué Cronos quería devorar a Zeus?
Gea (la Madre Tierra) surgió del Caos y dio a luz a Urano mientras dormía. Urano dio a luz a sus propios hijos, los siete Titanes. El más joven de ellos, Cronos, se casó con su hermana Rea. Según una profecía de Gea y Urano, uno de los hijos de Cronos le iba a destronar, por eso Cronos cada año devoraba enteros a los hijos que Rea daba a luz, como hizo con Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón. Cuando Rea dio a luz a Zeus, Gea le escondió en la cueva Andron en la meseta de Lassithi en Creta. Cronos creía que había devorado a  Zeus, cuando en realidad se había tragado una piedra que le había dado Rea. Zeus fue criado por la ninfa Adrastia y su hermana Ío y amamantado con la leche de una ninfa-cabra, Amalthia, mientras los Curetes se encargaron de hacer ruido entrechocando sus armas y bailando para que Cronos no oyese el llanto del bebé.

martes, 5 de febrero de 2019

LA VERDAD Y LA MENTIRA- CUENTO DEL OESTE DE ÁFRICA



Los griots conocen las mayores riquezas de Senegal: son los bardos portadores de la música, la historia y las tradiciones. Sin ellos, la sabiduría de las gentes y sus antepasados se habrían perdido puesto que los griots son quienes se encargan de transmitir el legado y los valores de cada pueblo a través de los poemas, cuentos y canciones que han aprendido generación tras generación.

Cuando un griot moría, hubo un tiempo en el que se les enterraba bajo un Baobab, el árbol símbolo de Senegal. Los baobabs, que suelen vivir casi mil años, crecen y crecen hasta ser más altos que un bloque de pisos  (¡pueden llegar a medir más de 20 metros!). Pero no solo crecen hacia arriba: los baobabs africanos también empiezan a formar un gran hueco en su tronco por el cual a veces puede pasar hasta un coche. Y es en ese hueco, precisamente, donde los senegaleses sepultaban a sus bardos.



El griot Souleymane contaba que hace mucho, mucho tiempo, el espíritu de la Naturaleza quería comprobar cuál, si la Verdad o la Mentira, tenía más éxito entre los humanos, por lo que convocó a las dos y les ordenó vivir entre los hombres, disfrazadas.

La Mentira escogió la forma de una espléndida flor de un perfume dulce como el del frangipani, cuyo aroma parece seguirte en las calles de Ngor; y colores tan brillantes como la flor del hibisco, con la que se hace el zumo de bissap. La Verdad, por su parte, se convirtió en un árbol espinoso de frutos amargos,  seco y frágil como los pocos arbustos que crecen en el desierto de Lompoul.

A la hora de escoger, los hombres prefirieron la deslumbrante apariencia de la Mentira, que acariciaba sus sentidos con sus agradables colores y aroma.  En cuanto a la Verdad, nadie se interesaba por ella: los estómagos de los hombres estaban satisfechos y nadie necesitaba sus frutos.

Pero algunos años más tarde el hambre se instaló en el país. La escasez era tal que los hombres rechazaron la vistosa flor que era la Mentira y se apresuraron a recoger los frutos que las espinosas ramas  de la Verdad cargaban.

Fue entonces cuando el espíritu de la Naturaleza sentenció:

“Mentira, tú florecerás sin dar jamás fruto. Gustarás a los hombres aunque nunca les harás bien.  En cambio tú, Verdad, serás amarga, dura y a veces harás sentir mal pero siempre acabarás haciendo felices a los seres humanos”.

Y con esto el griot concluía su historia y dejaba que el cuento acompañara a los presentes durante el largo camino de la verdad.


¿SABÍAS QUÉ?

El frangipani o plumeria es un género de arbusto que es posible encontrar en zonas tropicales. Es característico por sus flores de un perfume intenso, agradable y dulce, parecido a la vainilla y a la almendra.
El bissap es una de las bebidas más populares de Senegal (color rojo), entre las que también están el zumo de bouye, el nombre que tiene el fruto del baobab, también conocido como pan de mono (color crema); y el zumo de ditax, una planta autóctona (color verde).

lunes, 4 de febrero de 2019

LAS FASES DE LA LUNA – LEYENDA INUIT




Hace mucho tiempo, en una aldea a orillas del río Yukon, vivían cuatro hermanos y una hermana. El mas pequeño de los hermanos era el compañero de juegos de la niña. Los demás hermanos eran grandes cazadores y en el otoño se trasladaban a la costa, ya que vivían cerca del mar, y en primavera se iban a las montañas a cazar renos. El hermano menor nunca iba con ellos porque los demás le tenían por lento y perezoso.

Una noche que los hermanos llegaron a la aldea, agotados tras una larga jornada de caza, la niña les fue a llevar comida al Kashim (casa de la asamblea), donde los cazadores dormían. Cuando se dirigía hacia allí, la niña vio en medio del campo una alta escalera que llegaba hasta el cielo y una cuerda a su lado. Curiosa, subió por la cuerda. Mientras lo hacia, el hermano menor vio lo que hacia y fue a alertar a sus hermanos mayores :

“¡Nuestra hermana está escalando hacia el cielo! ¡Nuestra hermana está escalando hacia el cielo!”

“Oh, muchacho perezoso, ¿por qué nos despiertas con estas mentiras? “, dijeron.

“Venid y vedlo por vosotros mismos, ¡rápido!” –dijo sin aliento.

Efectivamente, la niña seguía subiendo por la cuerda pese a cargar aún con la comida para sus hermanos. El menor decidió ir tras ella y comenzó de inmediato a subir la escalera, mientras apenas podía ver ya a su hermana que trepaba por la cuerda. Tan alto subieron los dos, que la niña se convirtió en el sol y en la luna se transformo el muchacho.

Desde entonces, él la persigue pero nunca la alcanza: al anochecer el sol se pone por el Oeste y se ve a la luna aparecer por el Este para ir tras el sol, pero siempre es demasiado tarde, nunca lo alcanza.

La luna, al estar sin comida, poco a poco mengua por el hambre, hasta que casi se la pierde de vista. Es entonces cuando el sol, la hermana, se acerca y le da la comida que guardaba en el cesto que llevaba al Kashim para sus hermanos. Después de que la luna se haya alimentado,  poco a poco va engordando y es más lento su periplo, por lo que el sol volverá a ir por delante y la luna pasará hambre de nuevo hasta que su hermana se apiade y vuelva a ofrecerle comida. De esta forma, se producen las fases de la luna que vemos todos los meses.



¿SABIAS QUÉ…?

Inuit es un nombre común para los distintos pueblos esquimales que habitan las regiones árticas de América y Groenlandia.
Inuit significa «el pueblo» (eninuktitut, ᐃᓄᐃᑦ inuit), el singular es inuk, que significa «hombre» o «persona».
Los inuit tienen sus orígenes en Siberia, al noreste de Asia.


domingo, 3 de febrero de 2019

KANGADO Y EL REY – CUENTO PEUL (MALÍ)



Hace mucho tiempo, en un reino peul, vivía un rey al que le gustaba humillar a los intelectuales y maestros. El rey, llamado Soudain, tenía la costumbre de hacerles preguntas con el objetivo de mofarse de ellos si no encontraban una respuesta que le complaciera. Era tan irrespetuoso y vejatorio en su trato para con ellos, que muchos de estos sabios optaron por abandonar el reino. Estos preferían consagrar sus vidas a transmitir sus conocimientos en otro lugar que soportar las continuas ofensas del monarca.

Un día, el rey mandó llamar a una audiencia en palacio al viejo sabio Diouldé, uno de los más respetados del reino. Soudain, el rey, amparado por una multitud de consejeros y cortesanos le dijo a su llegada:

– Mis estimados vasallos, esta tarde tendré el placer de probar de nuevo que ningún hombre, sabio o maestro, puede descifrar mis enigmas.

Dicho esto, mandó a un sirviente traer un mortero con su correspondiente mazo y le preguntó a Diouldé:

– ¿De donde viene el ruido? ¿Del mazo o del mortero? ¿Y en qué proporción e intensidad?

El viejo sabio respondió:

– El ruido viene de ambos, pero sin estudiarlos no conozco, a priori, la intensidad.

El rey se echó a reír y empezó a mofarse del sabio, seguido por toda su corte. De repente, de entre la multitud surgió Kangado, el tonto del pueblo, y sin que a los guardias les diera tiempo a reaccionar, se acercó al rey y le abofeteó diciendo:

– ¡Majestad! ¿El ruido viene de mi mano o de vuestra cara? ¿Y en qué proporción e intensidad?

Sorprendido por este temerario gesto, el soberano y la corte se quedaron sin palabras y, tras un silencio interminable, Kangado exclamó:

– Hay que ser tonto para responder a ciertas preguntas absurdas.

Desde ese día, el rey dejó de humillar a los sabios.





¿SABÍAS QUÉ…?

Los fulani (también llamados fula, peul, fulbe) son el pueblo nómada más grande del mundo, cuyo origen es desconocido. Viven en África occidental. Son uno de los pueblos que más denominaciones recibe. Se autodenomina fulbe (en singular: pullo o foulah), aunque está difundido el nombre fulani con que le apelan los hausa y los pueblos del Sáhara, así como los exploradores y etnógrafos de habla inglesa. También es frecuente la denominación fulbe que les dan los mandé y la de peul que le han dado los wólof, la cual adoptaron los exploradores y etnógrafos de habla francesa.



sábado, 2 de febrero de 2019

LA MARIPOSA AZUL – KOAN



Érase una vez un viudo que vivía con sus dos hijas, unas niñas curiosas e inteligentes que siempre hacían muchas preguntas. El viudo sabía responder a algunas de las preguntas, a otras no. Como pretendía ofrecerles la mejor educación, mandó a las niñas de vacaciones con un sabio que vivía en lo alto de una colina.

El sabio siempre respondía a todas las preguntas sin ni siquiera dudar. Impacientes con el sabio, las niñas decidieron inventar una pregunta que él no sabría responder. Entonces, una de ellas apareció con una bonita mariposa azul que usaría para engañar al sabio.

-¿Qué vas a hacer?-preguntó la hermana menor.

-Voy a esconder a la mariposa entre mis manos y preguntarle al sabio si está viva o muerta. Si él dijera que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar. Si dice que está viva, la apretaré y la aplastaré. Y así, cualquiera que sea su respuesta, ¡será una respuesta equivocada!.

Las dos niñas fueron entonces al encuentro del sabio, que estaba meditando.

– Tengo aquí una mariposa azul. Dígame, sabio, ¿está viva o muerta?.

El sabio sonrió y respondió:

-Depende de ti… está en tus manos.




¿SABÍAS QUÉ…?

Un kōan (公案; Japonés: kōan, del Chino: gōng’àn) es, en la tradición zen, un problema que el maestro plantea al novicio para comprobar sus progresos. Muchas veces el ‘kōanparece un problema absurdo, ilógico o banal. Para resolverlo el novicio debe desligarse del pensamiento racional y aumentar su nivel de conciencia para intuir lo que en realidad le está preguntando el maestro, que trasciende al sentido literal de las palabras.
El experimento del gato de Schrödinger o paradoja de Schrödinger es un experimento imaginario concebido en 1935 por el físico austríaco Erwin Schrödinger para exponer una de las consecuencias menos intuitivas de la mecánica cuántica.  Un gato, junto con un matraz que contiene un veneno y una fuente radiactiva, se coloca en una caja sellada. Si un contador Geiger detecta la radiación, lo que ocurre el 50% de las veces, el frasco se rompe, liberando el veneno que mata al gato. Mientras que intuitivamente el gato estará vivo o muerto antes de que abramos la caja y comprobemos su estado, en la mecánica cuántica el sistema se encuentra en una superposición de los estados posibles hasta que interviene el observador. La interpretación de la mecánica cuántica de la Escuela de Copenhague implica que, después de un tiempo, el gato está al mismo tiempo vivo y muerto.

viernes, 1 de febrero de 2019

LA HIJA DEL REY DEL MAR – CUENTO RUSO



Hace mucho tiempo, en la ciudad de Novgorod el Grande, vivía un joven músico llamado Sadko. Cada día, un comerciante rico o un noble enviaban un mensajero a la puerta de Sadko para que tocara en sus fiesta con su gusli de doce cuerdas. El anfitrión le invitaba a cenar y le pagaba unas pocas monedas y, con eso, el músico era feliz. A menudo, sus amigos le preguntaban cómo podía apañárselas para sobrevivir con tan poco.

“No es tan malo”, Sadko respondía, “y, de todas formas, ¿cuántos hombres pueden ir a una fiesta diferente cada día, tocar la música que les gusta y ver la sala entera llena de gente bailando?”

Sadko estaba orgulloso de su ciudad, la más rica y libre de toda Rusia, llena de comerciantes procedentes de lugares lejanos hablando sus exóticas lenguas. En los muelles, veía los veleros que luego cruzaban el gran puente sobre el río Volkhov. Contento, Sadko se preguntaba “¿Hay algún lugar mejor para vivir?”. Sin embargo, a veces Sadko se sentía solo. Las doncellas que bailaban con alegría su música en las fiestas a menudo le sonreían y coqueteaban con él, pero era pobre y, a la hora de la verdad, ninguna de ellas quería nada con él por mucho que les gustara.


Una noche solitaria, Sadko paseaba por la orilla del río Volkhov. Suaves olas rozaban la orilla y la luna brillaba en el agua.

“Mi precioso río Volkhov”, dijo con un suspiro, “hombre rico u hombre pobre, todo es lo mismo para ti. Si fueras una mujer, me casaría contigo y viviría contigo aquí, en la ciudad que amo “.

Sadko sacó su gusli y empezó a tocar una bella melodía. Las notas tintineantes del instrumento flotaban sobre el Volkhov cuando, de repente, una gigantesca figura salió del agua. Se presentó ante él un enorme hombre con una corona de perlas y una melena de algas.

“Músico”, dijo el hombre, “He aquí el rey del mar. He venido a este río a visitar a una de mis hijas, la princesa Volkhova. Tu dulce música nos llegó al fondo del río, lo que nos complació gratamente “.

“Gracias, Majestad,” tartamudeó Sadko.

“Pronto voy a volver a mi propio palacio”, dijo el rey, “y me gustaría que tocaras para mí en mi próxima fiesta.”

“Con mucho gusto”, dijo Sadko, “pero, ¿dónde está?, ¿cómo llego hasta allí?”.

“¡Bajo el mar, por supuesto!. Estoy seguro de que encontrarás el camino. Mientras tanto, te daré un adelanto por tus servicios”.

Algo saltó del río y cayó a los pies de Sadko. ¡Un pez con escamas de oro!

“Majestad, es usted demasiado generoso”

“¡No digas eso!” Dijo el rey. “La música tiene mucho más valor que el oro. Si el mundo fuera justo, tendrías enormes riquezas” El rey volvió a sumergirse en el río y desapareció.



A la mañana siguiente, Sadko vendió el pescado de oro y compró un billete de barco, dejando Novgorod aquel mismo día. Navegó a través del lago Ladoga, el Golfo de Finlandia y el Mar Báltico. “¿Cómo voy a encontrar el palacio?” murmuró Sadko.

En ese momento, el barco se detuvo como si una mano gigantesca lo hubiera agarrado. Los marineros y la tripulación se estremecieron de miedo.  “¡Tiene que ser el Rey del Mar!”, gritó el capitán, “tal vez busca un tributo…o a alguien de entre nosotros.”

“No se preocupe”, dijo Sadko, “sé a quién busca”. Y, agarrando su gusli, saltó del barco y se hundió bajo las olas. Bajo el agua apareció un palacio de piedra blanca.

“Llegas justo a tiempo”, dijo el rey,”Músico, ven a sentarte a mi lado y que empiece el baile”.

Sadko puso el gusli en su regazo y tocó una alegre melodía. Los invitados no paraban de bailar, todos estaban encantados con la música del humano, tanto que en un momento determinado el rey dijo:

“Músico, te casaré con una de mis hijas y viviréis aquí bajo el agua para siempre “.

“Majestad”, dijo Sadko, “bajo el mar vuestra palabra es la ley, pero esta no es mi casa. Me encanta mi ciudad, Novgorod, y quisiera pasar el resto de mis días en ella”.

“No aceptaré un no por respuesta”, rugió el rey, “prepárate para elegir a la novia. Hijas, venid aquí”.

Muchas ninfas y princesas marinas y fluviales desfilaron ante Sadko. Cada una era más hermosa que la anterior, pero Sadko, testarudo, no les prestaba atención.

“¿Qué pasa, músico?”, dijo el rey alegremente, “¿demasiado difícil elegir? ¡Entonces te casaré con la princesa Volkhova!”.

La princesa dio un paso adelante. “Querido Sadko, por fin podemos estar juntos. Durante años me has gustado en secreto y me he emocionado con la música que tocabas en mi orilla “.

“Volkhova”, Sadko dijo con asombro, “¡Eres tan hermosa como tu río!”.

La Reina del Mar, apiadándose del músico, se inclinó ante él y le dijo en voz baja: “Eres un buen hombre, Sadko, así que voy a contarte un secreto. Si alguna vez besas o abrazas a Volkhova, no volverás a la tierra de nuevo.”

Esa noche, Sadko yacía junto a su prometida en un lecho de algas. “Ella es tan hermosa”, pensó Sadko, “tan encantadora,… Es todo lo que soñaba. ¿Cómo podría no besarla o abrazarla?”. Pero una y otra vez el músico pensaba en las palabras de la Reina: nunca más volvería a tierra.

“Querido”, dijo la princesa, “¿por qué no me abrazas?”

“Es la costumbre de mi ciudad”, balbuceó Sadko, “Nunca nos abrazamos ni besamos la primera noche.”

“Entonces me temo que nunca lo harás”, dijo con tristeza Volkhova y se marchó.

Cuando Sadko se despertó a la mañana siguiente,  sentía la luz del sol sobre su rostro. Abrió los ojos y vio a su lado no a la princesa, sino la orilla del río Volkhov. Y, detrás de él, se alzaban los muros de Novgorod.

“Mi casa”, dijo Sadko y empezó a llorar, tal vez por la alegría de su regreso, tal vez por tristeza ante su pérdida o tal vez por ambas.

Los años fueron propicios para Sadko, quien se convirtió en un comerciante y, con el tiempo, en el hombre más rico Novgorod. Dicen que se casó con una guapa joven y tuvo familia. Sin embargo, a veces, en una noche tranquila, se sentaba solitario a la orilla del río y tocaba interminables canciones. Y también, a veces, una hermosa cabeza se elevaba desde el río para escuchar su música. O quizás fuera sólo el reflejo de la luna sobre el Volkhov.

FIN



¿SABÍAS QUÉ…?

Veliki Nóvgorod es el nombre oficial de la ciudad de este cuento.  Hasta el año 1478 la ciudad era llamada Señor Nóvgorod el Grande(Господин Великий Новгород).
El Gusli (en ruso:Гусли) es el instrumento de cuerdas múltiples más antiguo de Rusia. Su historia exacta y evolución son desconocidas pero puede que derivara de una forma bizantina de la kythare griega, que a su vez derivaba de la antigua lira.
Existen instrumentos similares al gusli por todo el mundo – el kantele en Finlandia, el kannel en Estonia, kankles ykokle en Lituania y Letonia. En los países árabes se encuentra el Kanun y la autoharpa en occidente. También es similar a instrumentos antiguos como el gu zheng de China y el koto de Japón.