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martes, 28 de julio de 2026

El nacimiento de la Comunidad Autónoma de Cantabria


 La actual Comunidad Autónoma de Cantabria tiene una historia relativamente reciente como entidad política, aunque el territorio posee una identidad histórica que se remonta a la Antigüedad. Antes de constituirse como comunidad autónoma uniprovincial, el territorio formaba parte de la provincia de Santander, creada en 1833 durante la reorganización territorial impulsada por Javier de Burgos. Durante casi siglo y medio, la denominación oficial fue precisamente Provincia de Santander.

Con la llegada de la democracia tras la Constitución Española de 1978, se abrió la posibilidad de que las regiones españolas accedieran al autogobierno mediante la creación de comunidades autónomas. En ese contexto surgió un amplio movimiento político y social que defendía que la provincia de Santander debía constituirse en una comunidad autónoma propia, recuperando el nombre histórico de Cantabria, vinculado al antiguo pueblo de los cántabros que habitó estas tierras antes de la conquista romana.

El proceso culminó con la aprobación del Estatuto de Autonomía de Cantabria, mediante la Ley Orgánica 8/1981, de 30 de diciembre. Desde la entrada en vigor de este estatuto, la provincia de Santander pasó a denominarse oficialmente Comunidad Autónoma de Cantabria, convirtiéndose en una de las diecisiete comunidades autónomas de España. El cambio de nombre no solo tuvo un carácter administrativo, sino también simbólico, ya que suponía recuperar una denominación con un profundo significado histórico y cultural para sus habitantes.

Desde entonces, Cantabria cuenta con sus propias instituciones de autogobierno, entre ellas el Parlamento de Cantabria, el Gobierno de Cantabria y la Presidencia de la comunidad, que ejercen las competencias transferidas por el Estado de acuerdo con el Estatuto de Autonomía.

En resumen, antes de llamarse Cantabria, este territorio era conocido oficialmente como Provincia de Santander. La constitución de la comunidad autónoma en 1981 representó la recuperación del nombre histórico de Cantabria y el inicio de una nueva etapa de autogobierno dentro del Estado de las Autonomías español.

martes, 10 de junio de 2025

Por los caminos del silencio (Viaje por el corazón de Cantabria)


 

1. Reinosa – Puerta de entrada a la montaña

La aventura comienza en Reinosa, ciudad de montaña y capital de la comarca de Campoo. Aquí nace el río Ebro, justo a las afueras, en la Fuente del Ebro en Fontibre, un lugar que ya marca el tono del viaje: naturaleza, mito y origen.

Reinosa conserva el ambiente de ciudad ferroviaria y ganadera. Su arquitectura mezcla casonas cántabras y edificios de comienzos del siglo XX. El Puente de Carlos III sobre el río Híjar y la Iglesia de San Sebastián son dos paradas recomendables antes de partir.

Un café en una de sus cafeterías tradicionales, y el consejo de un paisano:

—No siga la carretera. Métase por las sendas.


2. Embalse del Ebro y aldeas semiolvidadas

La ruta continúa hacia el Embalse del Ebro, enorme y quieto, bordeado por pequeñas aldeas como Orzales, La Población y Servillas, donde los tejados de pizarra se enfrentan al viento y el tiempo parece haberse detenido.

Estos pueblos hablan de la trashumancia, del viejo ferrocarril de La Robla, y del éxodo rural. Aquí, el viajero puede encontrar casas de piedra medio derruidas, pero también pan recién hecho, gente que aún vive con el ritmo de las estaciones, y una hospitalidad sencilla.


3. Bárcena Mayor – Tesoro escondido

Llegar a Bárcena Mayor es entrar en un mundo medieval. Situado en pleno Parque Natural Saja-Besaya, este pueblo está considerado uno de los más bonitos de España. Calles empedradas, casas de entramado de madera, flores en balcones y el sonido del río Argoza acompañan el paseo.

Aquí es imprescindible probar el cocido montañés, y si es posible, dormir en una de las casonas rurales. La noche en el bosque es total: negra, silenciosa, y salpicada por los sonidos lejanos de algún corzo o zorro.


4. Montañas de Saja y los Valles de Cabuérniga

Al dejar Bárcena se entra en el Monte Saja, hábitat de lobos, ciervos y gatos monteses. Senderos como el del Alto de Hijas o el Cañón del Diablo permiten caminar durante horas sin ver a nadie, con el verde omnipresente y el rumor constante del agua.

Más al norte aparecen los valles de Cabuérniga, una de las zonas con mayor tradición oral y leyendas. En Carmona, aún se ven mujeres vestidas con sayas negras y albarcas; en Los Tojos, las casonas lucen escudos y balcones amplios para secar el maíz.


5. El paso a Liébana – Puerto de Palombera

Cruzando el Puerto de Palombera, de más de 1.200 metros de altitud, se entra en otra Cantabria. Aquí se abre la comarca de Liébana, con su microclima más seco y cálido, rodeada por los Picos de Europa.

El descenso lleva al valle de Potes, capital lebaniega, vibrante y viva, donde confluyen ríos, caminos y culturas. Potes es ideal para saborear el orujo, visitar el Torreón del Infantado, y conocer las raíces religiosas en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, donde se guarda el Lignum Crucis.


6. Final – De vuelta o adelante

El viajero puede detenerse en Potes, o seguir hacia Fuente Dé, subir en el teleférico y contemplar desde las alturas todo lo recorrido. Desde allí, los Picos se alzan majestuosos, recordando que el viaje nunca es solo un recorrido físico, sino un camino interior.