martes, 1 de enero de 2019

EL NUDO GORDIANO – TURQUÍA



Según una leyenda griega, los habitantes de Frigia (actual Anatolia, Turquía) necesitaban elegir un nuevo rey, por lo que consultaron al oráculo. El oráculo les respondió que un hombre vendría por la Puerta del Este, acompañado de un cuervo que se posaría en su carro, y que este sería su rey.

Este hombre fue Gordio, un labrador que tenía por toda riqueza su carreta y sus bueyes. Cuando le eligieron rey, fundó una ciudad con su nombre (Gordias) y, en señal de agradecimiento, ofreció al templo de Zeus su carro, atando la lanza y el yugo con un nudo cuyos cabos se escondían en el interior. Según cuenta la leyenda, tan complicado era el nudo que nadie lo podía deshacer y, el que lo consiguiese, dominaría el mundo.

Cuando Alejandro Magno (356–323 a. C.) se dirigía a conquistar el Imperio persa tras cruzar el Helesponto, se apoderó de la ciudad de Frigia, donde se enfrentó al reto de desatar el nudo. Solucionó el problema cortándolo con su espada y dijo: «tanto monta cortar como desatar» (‘da lo mismo cortarlo que desatarlo’).

Esa noche hubo una tormenta de rayos que simbolizó, según Alejandro, que Zeus estaba de acuerdo con la solución y, según parece, estaba en lo cierto: Alejandro Magno formó un vasto imperio y se convirtió en el mayor de los iconos culturales de la Antigüedad, ensalzado como el más heroico de los grandes conquistadores.



¿SABÍAS QUÉ?

El término “nudo gordiano” ha permanecido en el lenguaje para dar nombre a una dificultad que no se puede resolver, a un obstáculo difícil de salvar o de difícil solución o desenlace, en especial cuando esta situación sólo admite soluciones creativas o propias del pensamiento lateral.
“Cortar el nudo gordiano” significa resolver tajantemente y sin contemplaciones un problema, es decir, que descubriendo la esencia del problema, podremos revelar todas sus implicaciones.
El lema personal de Fernando el Católico, “Tanto monta, monta tanto”, hace alusión a este nudo que «tanto monta cortar como desatar».
Fuente: Wikipedia

lunes, 31 de diciembre de 2018

Cuento de Nochevieja

     Feliz Año Nuevo



Hace muchos años, cuando creía estar encerrada en una situación de la que no saldría, me contaron el cuentecillo que yo les dedico ahora, para que terminen el año y empiecen el que viene:

Vivía en Pomerania un campesino joven y pobre. Estaba enamorado de una chica rica de la ciudad, pero dudaba de que le aceptara y además era tímido, así que no hacía nada.
Cierto día se le apareció un elohim que andaba perdido entre el cielo y la tierra. El campesino le contó sus preocupaciones y el elohim le dijo: "Tengo la manera de que conozcas el futuro". El joven preguntó: "¿Puedo saber si la mujer que amo se casará conmigo?".

El elohim le explicó entonces: "En todo lo que quieras conocer con antelación dejarás de vivir el camino hasta ello. En el momento en que lo conozcas ya estarás allí y todo lo anterior habrá pasado. ¿No te importa esta condición?". El campesino respondió que estaba de acuerdo con ella.

El espíritu le mostró un ovillo de lana. "Éste es el sendero de tu existencia", dijo a continuación. "Sólo tienes que tirar del hilo para llegar hasta donde quieres y saber lo que pasará. Pero recuerda: lo anterior ya lo habrás vivido".

El campesino tiró del hilo y vio que se casaría con la joven rica de la ciudad. Nada más verlo, ya estaba casado con ella. Quiso saber si tendrían hijos y en cuanto lo hubo averiguado ya estaba viviendo con un hijo tan hermoso como los mismísimos elohim. Pero el hijo se puso muy enfermo.

Quiso saber si viviría. Volvió a tirar del hilo y vio que el hijo sanaría, se casaría y tendría hijos que le harían abuelo. Se sintió muy feliz. Pero entonces su mujer murió.

Apenas había tenido tiempo de conocerla. Quiso saber si volvería a casarse. Tiró del hilo y descubrió que se casaría con una mujer que le haría infeliz: al momento ya estaba casado con ella. Luego, trató de averiguar si algún día volvería a vivir en paz. Pero eso le llevó hasta la vejez y al ovillo apenas le quedaban unas pulgadas. Toda su vida había pasado en un instante.

Al campesino aún le quedaban preguntas importantes como, por ejemplo, si existe algo después de la muerte. Pero también quedaba poco hilo. Debería elegir entre seguir preguntando o vivir el escaso tiempo que le restaba.

No era una elección fácil. Mejor dicho, no lo es: han pasado los años y los siglos y el campesino aún no ha terminado de decidirse. Tal vez continúe así por toda la eternidad.

De todas formas, dime: ¿Tú qué harías?