jueves, 3 de enero de 2019

EL REY MIDAS TIENE OREJAS DE… – MITO GRIEGO



Cuenta la leyenda, que en la antigua Grecia había un rey, el rey Midas, y he aquí una de sus historias.

Una tarde de otoño, el rey Midas decidió salir a dar un paseo por un cercano monte de su reino, el monte Tmolo. Anduvo paseando por este, cuando se topó con una curiosa competición: Apolo, dios del sol, con su lira frente a un hombre, Marsias,  que soplaba una flauta. Ambos competían por saber quién era, de los dos, el mejor músico. El rey Midas, junto a las musas, sería el jurado.

Tras escuchar la música de Apolo y la de Marsias, las musas dieron por vencedor al dios, mientras que el rey Midas se decantó por Marsias. Enojado por semejante afrenta, el dios decidió castigar a ambos humanos: mató a Marsias por osar enfrentarse a un dios y transformó las orejas del rey en las de un asno. El rey avergonzado, corrió y corrió hasta cubrirse las orejas con un gorro frigio para que nadie más supiera de su castigo.

No obstante, pasado un tiempo, no pudo ocultar más su secreto, tenía que quitarse el gorro para… ¡¡cortarse el pelo!! Por lo que desde entonces, su peluquero también conocía su gran secreto. El rey Midas lo amenazó de muerte si le contaba a cualquier criatura viva que tenía orejas de burro.

El secreto del rey ardía en el interior del peluquero que ansiaba contarlo y gritarlo a todo el mundo. La amenaza, sin embargo, lo aterrorizaba. Incapaz de guardar el secreto por más tiempo, el peluquero tuvo una idea: viendo que no había nadie que pudiera escucharlo, cavó un hoyo en el suelo cercano a un río y susurró: “¡El rey Midas tiene orejas de burro! ¡El rey Midas tiene orejas de burro!” Tras lo que tapó bien el agujero con abundante arena y se marchó aliviado.

Meses más tarde, en el lugar dónde el peluquero había cavado y enterrado el vergonzante secreto de su rey, comenzó a brotar una caña, y luego otra y otra y otra. Estas cañas comenzaron a susurrar “¡El rey Midas tiene orejas de burro! ¡El rey Midas tiene orejas de burro!”. Con el viento, estas palabras volaron y volaron, hasta llegar a los oídos de los pájaros, que con sus cantos empezaron a difundirlo entre todos los pájaros de la región. Para desgracia del rey, escuchó los cánticos de los pájaros un adivino llamado Melampo, que ¡comprendía el idioma de los pájaros!

Melampo, conocedor del secreto del rey y su peluquero, se lo contó a sus amigos, a sus familiares, incluso a gente que no conocía. Animado por todos, Melampo se presentó un día frente al rey y, gritando, le reto: “¿Por qué no te quitas el gorro y nos muestras tus orejas?” Furioso, el rey ordenó cortar la cabeza de su peluquero, y avergonzado porque todo el mundo supiera que “¡el rey Midas tiene orejas de burro!”, acabó con su propia vida.



¿SABÍAS QUÉ?

En la mitología griega, Melampo (en griego Μέλαμπους, «el de los pies negros», de μέλας, mélas, «negro», y πούς, poús «pie») era un adivino griego. Hesíodo le dedicó un poema, la Melampodia, hoy desaparecido.
Midas (en griego Μίδας, llamado Mita en fuentes asirias) fue un rey de Frigia (Turquía) que gobernó en el período entre el 740 a. C. y el 696 a. C., aproximadamente.
En la mitología griega, Dioniso otorgó al rey Midas el poder de convertir en oro todo cuanto tocara. Viendo que no podía comer los alimentos que a su contacto quedaban transformados en dicho metal, pidió al dios que le liberara de su don, para lo cual tuvo que bañarse en el río Pactolo, que desde entonces contuvo arenas auríferas.
El monte Tmolo (en griego Τμώλος, en latín Tmolus), Tmolos, Tmolus o Timolus es una montaña de Lidia, en el límite de las provincias turcas actuales de Manisa y de Esmirna, que separa las cuencas fluviales del Caístro (Küçük Menderes) al sur y el Gediz (Hermo) al norte. Esta cadeña montañosa se llama actualmente Boz Dağlar en turco («montañas argénteas/grises»).
Según Plutarco (46-125), el monte Tmolo se llamaba Carmanorion (en griego: Καρμανόριον), del nombre de un hijo de Dioniso, que murió de la herida que le infligió un jabalí durante su caza.

miércoles, 2 de enero de 2019

LA LEYENDA DE SISSA: EL ORIGEN DEL AJEDREZ



Hace mucho tiempo, en uno de los reinos de la antigua India, en lo que hoy sería Pakistán o Afganistán, vivía un desdichado rey. Este rey, rico y poderoso, había perdido toda su felicidad al perder un hijo en la guerra.

Melácolico y devastado por la muerte de su adorado hijo, el rey se abandonó a sí mismo, y descuidaba su reino y a los que en él vivían. Tal era el estado en el que estaba sumido el rey, que sus más cercanos consejeros y ministros se esforzaban por animarlo: invitaban a cantantes, músicos o bailarines para que trataran de distraerlo y que con ello el rey volviera a ocuparse de su reino. Y sin embargo, él no podía dejar de pensar que la victoria en la guerra había significado la pérdida de su hijo. El rey era tremendamente infeliz.

Preocupado por el estado del reino a consecuencia de la tristeza de su rey, un sabio, Sissa decidió crear un juego que consiguiera devolverle parte de su alegría al rey, además de hacerle comprender sus errores en la guerra.

Tras reflexionar largo tiempo, Sissa, con su juego preparado, decidió presentarse frente a su rey para mostrárselo. Así pues, abrió una caja y aparecieron ante el rey: Un hermoso tablero de madera, con 64 casillas y 32 figuritas también de madera. Tras explicarle a su rey que era un juego de guerra en el que participaban dos personas, y explicarle sus reglas, se pusieron a jugar.

Emocionado por el juego que acababa de descubrir, el rey jugó durante horas y días y semanas contra todos sus ministros, consejeros y todo aquel dispuesto a retarle.  Agradecido de que por fin alguien hubiera conseguido distraerlo, le ofreció a Sissa cualquier cosa que este quisiera. Tras mucho insistir, puesto que Sissa se negaba a aceptar sus regalos, el sabio aceptó y le pidió a cambio de su juego lo siguiente:

“Quiero un grano de trigo en la primera casilla del juego, y 2 en la segunda, y 4 en la tercera y así sucesivamente…” El rey, extrañado porque alguien con tanta sabiduría, capaz de crear un juego como aquel, le pidiera tan poco, ordenó a sus ayudantes que calcularan el número total de granos de trigo y se los dieran a Sissa.

Tras unas horas calculando, los ayudantes se acercaron y le comunicaron al rey “Su majestad, no hay en el reino cantidad suficiente de trigo para pagar la deuda con el sabio Sissa…” La cantidad de granos de trigo equivalía a:

T_{64} = 1 + 2 + 4 + \cdots + 2^{63} = \sum_{i=0}^{63} 2^i  = 2^{64} - 1

Es decir, ¡18 446 744 073 709 551 615 granos de trigo!

El rey quedó boquiabierto, ¡jamás podría haber imaginado que lo que el sabio le pedía era imposible de pagar incluso con sus enormes riquezas! No obstante, satisfecho por haber conseguido que el rey volviera a estar feliz y por la lección matemática que le había dado al reino, Sissa renunció al presente.



¿SABÍAS QUÉ?

El ajedrez tiene más de mil doscientos años de historia. Circulan muchas leyendas sobre su origen. Hoy se cree que el ajedrez constituye una evolución del juego de mesa llamado shatranj, que proviene, a su vez, del chaturanga, ideado en la India en el siglo VI.
El chaturanga es un antiguo juego originario de la India y del cual parece provenir el ajedrez tal como se conoce hoy en día, así como otros juegos como el shōgi, el janggi y el makruk. Las referencias más antiguas al chaturanga que existen se encuentran en el Mahábharata escrito alrededor del año 500 d. C., mientras que la versión moderna del chaturanga se ha jugado desde alrededor del año 600 de nuestra era, por lo que se le considera la versión más antigua del ajedrez. El chaturanga es el antecesor directo del shatranj, que fue la forma en la que el ajedrez llegó a la Europa medieval